lunes, 29 de febrero de 2016

Tomen nota: Gobernador sí pone candidato



Por Enrique HERNÁNDEZ QUINTERO / Exclusivo MERIDIANO

·         Que en marzo habrá novedades en Palacio sobre la apuesta transexenal de RSC
·         La estrategia del PRI para ganar la gubernatura: que se atomice el voto opositor
·         Inteligentemente Cota “plancha” su aspiración en el DF, pero también en Nayarit
·         Polo: Un médico que no ha sabido capitalizar a su favor el tema “influenza”

Contrariamente a la usanza previa al año 2000, en estos últimos meses se ha confirmado una novedad: los gobernadores del PRI sí ponen al candidato de su partido. Y no es la excepción, es la regla.

Y EL NOMINADO ES…
De ahí que –con encuestas en la mano- Roberto Sandoval esté barajando nombres para proponerlo dentro de un año allá en Los Pinos. Esa es la razón por la que Margarita Flores arrancó una campaña de posicionamiento muy fuerte el año pasado bajo el eslogan “Mejor Futuro”.
No hay que investigar mucho para darse cuenta de la razón de esta apuesta sorprendente: En ocho de las últimas nueve candidaturas del PRI agobernadores, el CEN ha endosado la facultad de decidir a los mandatarios salientes, con excepción de Veracruz en dónde –dicen- Javier Duarte ha negociado poner al aspirante tricolor que gobernará del 2018 al 2024 y nó al que durará sólo dos años en el cargo (del 2016 al 2018) merced al empate de elecciones dispuesto por el Congreso local.
Y parece que en el caso de Manuel Cota, luego entonces, su cabildeo deberá incorporar una variable: conquistar el beneplácito de Roberto Sandoval, un requisito que no figuraba en el manual. El 8 de febrero el senador lo visitó y publicitó el encuentro. Evidentemente conoce el cambio de paradigma en entidades gobernadas por el PRI y está operando en consecuencia.

COTA: A PACTAR CON ROBERTO
Ojo, hace días ya uno de sus operadores, el muy talentoso profesorFrancisco Bueno Gutiérrez deslizó la idea en redes sociales de que de darse ese extraño supuesto podrían optar por la vía de la candidaturaindependiente para Manuel Cota. Tal apuesta deberá ser borrada del mapa, pues cualquier argumento con este tinte podrá ser usado en contra en los conciliábulos que arbitrará el colmilludo Manlio Fabio Beltrones en unos 12 o 13 meses más.
El equipo cercano de Cota, sin embargo, trabaja con la certeza de que traen la candidatura en la bolsa. Por eso echaron a andar la plataforma “Nayarit Confía”, para ir por una bolsa de votos de electores que normalmente no simpatizan con el PRI. Pero más vale no confiarse y por eso hace muy bien el líder de la CNC en ir cincelando un pacto político con Roberto. Y por otro lado, en llamar a la prudencia a sus huestes.
Lo cierto que el plan de intentar llevar a Margarita a Palacio hizo interesantísimas las negociaciones al interior del PRI, pues le pone fin a la aparente predestinación de Cota a la soñada candidatura a gobernador. Más allá de la seriedad o nó de dicho plan, con esa acción el gobernador envía un mensaje a todos los aspirantes tricolores para que se reporten a Casa Nayarit a tejer acuerdos para obtener su Vo. Bo.

RUMORES DE UN TRANSEXENAL PLAN “B”
En estos días, la consultora Demotecnia fundada por la extinta María de las Heras levantó una encuesta estatal para definir quién sería el mejor candidato del PRI en 2017. Es muy factible que al leer el resumen ejecutivo los jerarcas del PRI confirmen una decisión que –dicen los enterados- ya se tomó: proponer a un aspirante emergente en lugar de la senadoraMargarita Flores.
Y es que la lección que dejó el episodio “Roy Gómez 2014” ya se aprendió.Roberto Sandoval intentará capitalizar la prerrogativa que EPN les está dejando a los gobernadores priístas para poner a su posible sucesor pero revisando números y sin tocarse el corazón.
En esa lógica es posible que en estos días se geste un cambio de señales dentro de la estrategia transexenal. Quizá veamos al ejército sandovalista dejar el proyecto “Mejor Futuro” para sumarse a otro cuyo lema bien podría ser “Persigamos Esperanza” o “Poniendo Energía”…

DE BUENA FUENTE: Siendo doctor de profesión, Polo Domínguez no ha logrado capitalizar el tema “influenza” adecuadamente, pues su decisión de no participar en la Feria se percibió más como un gesto bélico vs el gobierno estatal y nó como una noble acción a favor de la salud (dijo que en lugar de montar un stand invertiría esos recursos en acciones preventivas).
Como sea, ha sabido sacarle raja a eso de provocar para esperar reacciones, toda vez que a la luz del lugar que ocupa en las encuestas y los puntos que va abajo del puntero, ningún consultor de marketing político aconsejaría dedicarle campañas negras.

Twitter@ehq


lunes, 22 de febrero de 2016

Pabochas: La fórmula para darse a querer

Una amistad fincada en paladares felices



Por Enrique HERNÁNDEZ QUINTERO / Exclusivo Meridiano

“Boogie el aceitoso en persona”, dije bromeando cuando lo conocí en el 94, creo. Vi que no le pareció el mote, quizá por desconocer al personaje de Fontanarrosa. Mezclilla, camisa hawaiiana y grandes lentes oscuros. Algunos 130 kilos de peso.
Nunca imaginé que después de ese primer encuentro lleno de seriedad en la oficina de Toño Herrera en el IFE la constante en mis charlas con Pablo Sandoval Castañeda serían la broma, el desenfado, la ligereza, la risa. Reservado con los desconocidos, era un flan con los amigos. Después tuve la fortuna de comprobarlo.

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Tras un tiempo de no saber de él, pues estaba cumpliendo con los últimos meses de trabajo para poderse jubilar como maestro federal, coincidí en un café con él y Oscar Zúñiga. Año 2010 quizá. Tiempo le sobraba para charlar, para ver el futbol, para preparar chorizo casero, para libar con los amigos, para leer y ver cine. Puro relax. Salvo los entendibles problemas para acomodar su humanidad en el modesto VW Pointer que manejaba, Pablo era un hombre sin complicaciones cotidianas. Desde entonces no le perdí la huella.
Tenía un don nato para las relaciones públicas. Dicen los enterados que así era su padre, el legendario líder de los tablajeros. En alguna ocasión nos preparó una celestial sopa de médula al carbón. Nos la devoramos en la finca de Julio Plascencia en El Aguacate. Los más furibundos críticos de su hermano Roberto –entonces alcalde de Tepic- perdíamos belicosidad frente a sus embutes gastronómicos.
Profundo conocedor de la psiqué pueblerina, Pabochas hizo una labor extraordinaria para contener en un plano de moderación a varios personajes que entonces no comulgábamos con el proyecto sandovalista. Todo dentro de un elegante esquema de valores entendidos.
Tuvo el buen tino de contar en los últimos años con la ayuda de Abel Altamirano, heredero de la sazón del mítico restaurant Chante Clair. Y allí en su casita de la calle Ures desfilábamos para dar cuenta de unas enchiladas potosinas de concurso, de unos camarones rancheros calidad gourmet o de unos medallones a la pimienta dignos de un Cardenal.
La cosa no paraba ahí. Cuando no había desayunos o comidas, nos llamaba para que pasáramos a recoger chorizo casero que él preparaba. “Este no lo vas a repetir, lo vas a digerir sin problema”, se ufanaba. Y era verdad. Una delicia.
Su casa siempre tuvo -literalmente- la puerta abierta. En términos alegóricos lo interpreté como su deseo perenne de estar rodeado de su familia y camaradas, su alimento espiritual.
Varios amigos con peso en redes sociales, el periodismo y los grupos políticos pasábamos con regularidad a su morada a recoger viandas excelsas. Los jueves le llevaban tamales de Tuxpan y panelas de Copales. También del norte le traían camarón de estero. Otras veces llegaba de Guadalajara con un cargamento de carne para hamburguesas o finos cortes Angus. Alguna vez me pidió recoger un queso de puerco para disfrutarlo durante un América-Chivas.
Cómo no querer a ese gigantón generoso. Daba sin pedir nada a cambio.

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Como buen fumador, tenía la manía de prender varas de incienso para que su casa no oliera a tabaco. En alguna ocasión le llevé un limpiador Fabuloso con aroma a menta y desde entonces bromeaba con inequitativos “quid pro quo”: Me regalaba una docena de tamales de picadillo de camarón pero me pedía llevarle un par de limpiadores que me costaban apenas 12 pesos cada uno.
El año pasado me invitó a cenar en su casa con la senadora Margarita Flores. No pude asistir. Al día siguiente me llamó para recriminarme con el clásico “de lo que te perdiste”. –Pues si Pabochas, pero tuve que atender a mi niña enferma- le expliqué. Perdonaba pronto. “Aquí te guardé un molde con higaditos en escabeche para que pases en cuanto puedas”. Obvio, pasé y los engullí.
Muchos paladares fueron agasajados con sus atenciones inmerecidas. Le satisfacía mucho brindarse, compartir botines comestibles. Cuando podíamos le pagábamos con la misma moneda, con suculentos bocados. Pero sobre todo con cariño desmedido.
En un mundo tan lleno de egoístas y calculadores, daba gusto contar con alguien como él a quien le placía de sobre manera el dar.

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Hace un par de años viajó a Cuba para atenderse de su rodilla. Me pidió una maleta. Le presté un backpack Timberland que compré en San Diego en octubre del 2000. Le gustó tanto que al regreso de su tour por la isla hizo un pacto unilateral muy a su estilo: “Esa maleta ya es mía, pero cuando la necesites te la presto”, me notificó entre risas.
Y así lo hice. La mochilona azul fue conmigo a Los Ángeles, luego con él a tierras cubanas y de vuelta conmigo a Las Vegas. Se la regresé cuando fue a Guadalajara a un asunto de salud. Cada vez viajaba más por motivos médicos que de placer.
El viernes pasado me llamó a las 9:20 de la mañana. Me dio las gracias por un libro de Saramago que le obsequié para su convalecencia. Como siempre, hicimos bromas a costillas de nuestros amigos mutuos. Charlamos siete minutos. Me dijo que se iría a descansar un par de noches fuera de Tepic. Supuse que a la playa. –Llévate la maletita nuestra- le pedí. “Mía, es mía” me corrigió socarronamente.
A ese viaje ya no fue. Emprendió otro, más largo y en el que no era necesario empacar nada.
Ahí en la calle Ures, dónde tantas veces charlamos, reímos, comimos sin freno, bebimos café, vimos futbol, intercambiamos libros y recogimos opíparas vituallas, ahí se quedó esa maleta como inerte testigo de nuestra amistad.


Twitter: @ehq